La aventura romana de Luka Brajnović empezó de forma muy precaria en agosto de 1946. Estaba indocumentado, apenas tenía dinero y No tenía trabajo, aunque sí algunos amigos y conocidos.

todavía hoy no me he  instalado. – escribe el 29 de agosto – La policía romana no da permisos de residencia y yo ese trozo de papel no lo puedo comprar como los otros.  Para eso necesito una confirmación de empleo.

Algunos conocidos le concertaron una entrevista con el dominico Felix Morlion, jefe del CIP ( agencia de Prensa Internacional Católica) con corresponsales en todo el mundo.

Estuve allí con ese arrogante fraile de quien no se puede decir si mueve la cabeza por afectación o por un desequilibrio o es quizá el resultado del nerviosismo y el sufrimiento pasados. Ese enorme hombre en hábito es ante todo un policía desconfiado, un agente, quizá incluso un espía, luego un político, un periodista y sólo después de todo esto un sacerdote, un hombre que sabe lo que es la caridad cristiana, que conoce y siente el valor de un hombre aunque no tenga tierra ni una posición y una reputación convencionales.

La entrevista no llegó a buen término

Él ayudaría, pero solo cuando yo no necesitara esa ayuda. Busca de mi un curriculum, aunque le puse debajo de la nariz la recomendación del arzobispo (de Zagreb Luis Stepinac). Se que se lo dará a otros para que lo manoseen. Así quiso que yo manoseara en las vidas ajenas. Me puso en el banquillo como testigo y empezó a interrogarme  acerca de cierto hombre. No quise contestarle porque consideraba esa conducta y todo junto indigno.

No era importante si uno es católico, qué piensa de Jesucristo, en qué relación vive con él, sino si es astuto y si se las arregla con el fraile.

Luka tenía otra visión de las cosas

Todo el Vaticano, con sus tesoros, piedras, oro y lino, no vale lo que vale un hombre. ¿Cuándo reconocerá esa verdad la gente? ¿Cuándo se convertirá el hombre en el centro y aquello a él le sirve, un bien exigido que es por él y para él? Sin embargo esto que debería servirle se considera de más valor que el mismo hombre.

Pensé para mis adentros: ¡Con Dios, padre Morlion!, yo moriré como un perrillo en la calle, pero manteniendo una buena imagen de los frailes y los sacerdotes, llevando en el corazón una elevada, divina faz de Jesucristo, el asombroso y magnífico conocimiento de Dios y de nosotros, el cuerpo místico de la Iglesia, la belleza del valor del hombre (lleve o no hábito) y las más bellas ilusiones, recuerdos y nociones de mi gran y único amor, de mi mujer y mi hija de mi familia que para mi es insustituible.

Sus amigos le echaron en cara que desaprovechara la oportunidad de quedar bien con el dominico que podía buscarle una ocupación.

Naturalmente me dicen, Tu eres poeta, no sabes pelearte por la vida… Así es la vida… etc.

Yo les diría: no es sólo barro la vida. Hay vida sin barro. Si no en otra parte, en el silencio con mi amada o después de la muerte. ¿Acaso la vida es respirar y humillarse, olisquear como cerdos por el cieno y golpear con un martillo ajeno la propia conciencia?

En su diario Luka explica que no se quedó decepcionado tras su entrevista con Morlion, porque conoce la flaqueza de los hombres pero sigue amando “la insuperable grandeza de la Institución divina de la Iglesia”.

Entre tanto se encontró acogido por la Acción Católica Italiana que le dieron habitación y comida en una residencia mientras estuviera fuera un tal Colombi que se encontraba haciendo unos ejercicios espirituales.

Llega mañana. Tengo que decir que esta gente me ha ayudado enseguida, con facilidad. Tengo una pequeña habitación, una cama limpia, y un rato al día de tranquilidad. Estoy agradecido a estas buenas personas que demuestran que para ellos el hombre es más importante que las diferencias políticas de nacionalidad y de lengua.

Su pensamiento no se aparta de su único objetivo que es reunirse con Ana y Elica.

Delante de mi, mi más querida, está tu foto con Elica. Siempre os miro y siento ansiedad en el alma. Siempre pienso en vosotras dos, Siempre camino con vosotras y alguna vez extiendo las manos para coger a mi hija que no conoce a su padre, que llora y se ríe con un vago pensamiento en su papá que le quiere tanto y no sabe qué profundo amor se encuentra en su alma.

En esa pequeña habitación recibió una carta de Ana que le llenó de preocupación

Justo iba a cerrar la carta que te he escrito cuando he recibido la tuya en la que me dices que no me vas a poder escribir tan frecuentemente como hasta ahora.

Ana se sentía acosada por la policía secreta y su situación era muy delicada. La correspondencia era peligrosa, pero no podía explicarle todo eso a Luka por carta. Él intuye que algo no va bien y expresa su preocupación:

Tengo miedo por tu vida, tu libertad y por la vida de nuestra querida niña.

Concluye:

Rezar. Debería rezar más y así me resultaría posible estar concentrado y olvidarme del permiso de residencia, del problema de la comida y del lugar para dormir y todo lo demás que es necesario para respirar, para continuar dando señales de vida. De todas formas tengo la esperanza en que el Señor recibirá mis continuos pensamientos en ti como una cálida oración que le será agradable, porque mi vida de ilusiones y anhelos por ti, querida mía no son más que un haz de oración que borra para mi todo lo que no eres tu y nuestra hija, todo lo que me ata a este mundo.

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